Pulsión del deseo

Dic 21, 2023 | Soul

Hoy, es 21 de Diciembre, energéticamente estamos en un espacio muy especial.

Llámese la festividad como usted desee (Yule, Espíritu de la Navidad, sembrado de intenciones), estamos en las vísperas del día más oscuro del año – en el hemisferio norte – y a propósito de que tengo un espacio en absoluto silencio y detenimiento (en mucho tiempo) me permití reflexionar al respecto.

Coincidimos este año con mercurio retro por estas fechas, pero más allá de las leyendas urbanas, y de que literal estoy en mi casa sin internet (mercurio retro: comunicación un poco más complicada, fallos tecnológicos), quise tomarme un momento en silencio y permitirme explorar qué significa para mi a conciencia navegar el día más oscuro del año, y por supuesto cuáles son las intenciones que quiero sembrar, pensando que ya pronto cerramos el año también.

Y me di cuenta que este año en tangible, ha sido muy bendecido. No me di cuenta hoy, tengo rato dándole las gracias, este año materializó muchos escenarios en mi vida para los que yo tengo raaaaaato trabajando, escenarios en los que he puesto muchos sueños y mucha confianza a pesar de que no se veía claridad en cómo se iban a materializar, ni cuándo.

Viajé como loca a sitios preciosos, conseguí finalmente la validación que mi herida de suficiencia buscaba en el trabajo y me di cuenta que no iba de que me validaran, si no de que yo volviera a estar satisfecha y orgullosa de lo que hago, por pequeño o grande que sea.

Hice cosas muy chulas de trabajo (y no solo el que me paga los gastos, también volví después de más de una década al teatro), me reconcilié con mi disciplina y vi esos resultados en mi cuerpo, saneé muchas de mis cuentas, vi a mis papás, acompañé amigos queridos a celebrar, me celebré yo misma, en fin.

Gran año.

También se rompió mi corazón, me di cuenta que muchos conceptos que yacían en mi estaban vencidos, me di cuenta que tenía una mirada a la defensiva en muchos espacios, que estaba relacionándome con el mundo desde algunas de mis heridas y me tocó varias veces asumir esa responsabilidad.

También vi el miedo a la cara, el miedo de no ser suficiente, el miedo de no saber, el miedo de pensar que es mejor esperar, antes que intentar algo nuevo.

Tuve la suerte de conseguir sostén en cada uno de esos momentos, y recordé que la mejor cura para un corazón que se rompe es siempre y sin dudas el amor, la música, la sensibilidad artística. Fui a muchos conciertos, en algunos a saltar y gritar, en otros a llorar hasta que sentía que me explotaba el pecho.

El 2023 fue un año de disfrutar, de sentir.

Porque me permití sentirlo todo, hasta mis pasiones más bajas, y decidí esta vez no juzgarlas. ¿Y saben qué pasó? Alquimia.

Se transformaron, y me permitieron ver todo el poder que hay en el deseo.

El deseo, que no es más que en mi humilde opinión, el encuentro entre tus pasiones y tu ser consciente.

¿Cómo?

Hay un componente del deseo que es irracional absolutamente, porque no lo podemos controlar, él simplemente se manifiesta allí y nos muestra una parte de nosotros, una añoranza.

Y luego está el componente más racional, que es el que da paso a la acción y a lo que hacemos con ese deseo.

Como ir a por mil amantes, comprarte una casa o materializar un proyecto creativo.

Cumplirte un sueño.

Es demasiado jodido poner el deseo afuera, se los digo por experiencia en carne propia, y por haber acompañado a mis amigos y familia en sus viajes por el deseo de cerca. Un deseo fuera, coge fuerza, porque tiene espacio y cancha abierta para crecer, por lo que termina rápidamente desbordado y también debilita la razón, porque una vez que se salió de control, no entiende de razón.

¿Un ejemplo? El deseo de tener la razón.

Ese es terrible, es de los deseos a los que más le tengo yo miedo, porque rompe todo, acaba con todo, no escucha, no media, no concilia. Ese deseo necesita mucha paciencia y amor para poder desmantelarlo, y luego queda uno sentado viéndolo como no era más que un miedo. Pero eso es otro tema.

Por lo que un deseo afuera, desbocado en la inconsciencia, no es siquiera un peligro, pero sí es una amenaza a tu propia desconexión.

Si volvemos bien atrás y recapitulamos en donde comencé, hoy reflexiono a propósito de la energía que sé que hay disponible, y noto cómo hay pulsiones en mi que obvio quieren poner el deseo afuera, es mas fácil, es más cómodo.

El deseo afuera está entregado, está a merced del objeto que lo recibe. Por lo que uno no tiene que ocuparse de nada, solo de transitar toda la intensidad que acarrea ese deseo. Y joder, vaya que se siente bien.

El deseo interno no.

El deseo interno requiere conciencia, presencia, foco y sobre todo, sentarte contigo a escucharte de verdad y elegir, qué es lo que genuinamente deseas de verdad.

¿QUÉ?

Ay no…

Obvio por eso hay tanta gente que pone el deseo afuera, mayor flojera.

Sin embargo, como este año muchos de mis deseos se volvieron una realidad, noto que estoy en un espacio de serenidad, antes de saltar a desear una vez más.

Hay una especie de silencio contento, satisfecho. Hay una copa llena de agua, y se siente muy bien ver que esa agua la traje yo.

Por lo que bulle en mi una reflexión: es bastante más orgánico orquestrar una vida, desde el deseo interno.

Porque entonces, aunque es más trabajo porque requiere más presencia, también es más genuino porque sostienes la responsabilidad y alegría de todo lo que se puede gestar.

Así que así siembro hoy mi intención, y se las comparto:

Mi deseo escorpiano, intenso, profundo, apasionado, bajó al fondo de mis profundidades atravesando mis miedos, mis duelos, pasó a través del dolor de los deseos no cumplidos de mi ego, y llegó al centro.

Doy las gracias a todos los deseos cumplidos, porque agradecer es lo que le da poder a las varitas, lo que multiplica la magia. Y me atrevo a pedir, que yo pueda continuadamente de aquí en adelante, conciliarme genuinamente con mi deseo.

Que haga las pases con «ser la mala» en las historias de otros, y escuchar fieramente mis impulsos, para luego aterrizarlos en la realidad con suavidad, con amor. Porque ojo, yo tampoco creo que por materializar mi vida, tenga que ser ni cruel ni llevarme a nadie por delante. Creo que un deseo cumplido, compartido, es de las mayores bendiciones que uno puede vivir.

Por lo que pido genuinamente, escuchar siempre mi deseo central, y que él me permita viajar a sitios inimaginados, que me transforme más allá de mis heridas pendientes en una versión de mi que pueda saltar entre los planetas y materializarme en cualquier galaxia solo si cierro los ojos, o si doy un abrazo.

Pido que mi deseo consiga todos los canales que necesite para comunicarse, y crear todas esas historias que viajan felizmente en mis sueños.

Pido escucharlo mucho más a él, que al miedo. Yo vine aquí a vivir una vida completa, equivocándome, aprendiendo, de valiente.

Pido que no se escape de nuevo fuera, que se mantenga aquí conmigo, enfocado en generar valor, en poner el esfuerzo que hace falta para ser mejor, y sobre todo en que cada vez que yo me mire al espejo, lo más grande que yo pueda desear sea a mi.

Y desde ahí, comprometerme con hacerme mi mejor versión, para luego poder compartir.

¡Feliz solsticio de invierno! nos deseo que podamos disfrutar el día más oscuro del año con la confianza que a partir del él, ahora estamos es ganando cada día más luz.

Escrito por Lola

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