Impulso 3: El viaje es hacia adentro

Feb 8, 2023 | Impulsos

Para que nunca dejemos de viajar

Era enero de 2016, en la autovía entre Valencia y Madrid cuando distraída escuché al conductor del vehículo mencionar la palabra «Ayahuasca».

Algo en mi cerebro resonó.

Salí de mi ensimismamiento viendo la carretera y comencé a prestar atención.

«¿Eso qué es?» masculló mi insaciable curiosidad.

Y allí, el conductor del coche comenzó a explicarme lo que significaría luego, en verano del 2018, el inicio de mi viaje interior.

Durante toda mi vida, he sentido extraordinaria curiosidad por entenderme.

Afortunadamente -dicho desde la responsabilidad de mucho mucho trabajo interior- tengo un músculo emocional muy flexible, y la vida pasa a través de mi con una intensidad que sin la gestión adecuada, puede hacerme sentir en una telenovela, o como nos educan a los que estudiamos cine en «El viaje del héroe».

Lo cierto es que desde muy joven he sido proactiva buscando puntos de apoyo para gestionar las cosas que no me entiendo y no me se gestionar. Les mentiría si les dijera que mis pasos tempranos me significaron avances certeros, ya que no es hasta que me doy cuenta que vivo en Madrid y soy adulta que comienzo a tomar responsabilidad real de mis emociones y pensamientos.

Sin embargo, ir al psicólogo, al psiquiatra, terapeuta, chamán, es algo que siempre ha tenido un cariz bastante normal para mi. Porque de que hay vainas que se pueden revisar, hay.

A finales del verano de 2018 la sensación de desencajo en mi misma, aunada a mi eterna curiosidad me animaron a probar una ceremonia de Ayahuasca.

Sin embargo, yo no vengo a hablarles de eso hoy, no.

El impulso de hoy surgió teniendo una conversación donde recordé que fue justo después de hacer esa ceremonia que me di cuenta que se había abierto una ventana, la ventana hacia adentro.

Y que fue realmente ahí, cuando arrancó conscientemente para mi el viaje.

He tenido la dicha a posteriori, de tener una increíble red de especialistas que me han ayudado a ir organizando el mapa. Porque para viajar hacia adentro también se necesita un mapa. Un mapa que se va dibujando cuidadosamente a medida que decides ir caminando.

A veces lo veo como si dentro de cada uno de nosotros existiera un laberinto multinivel, escaleras, puertas, habitaciones.

Los espacios más recónditos de nuestro ser que van consiguiendo luz a medida que hacemos el viaje, y nos permite iluminar en totalidad o conquistar nuestro verdadero yo.

Y evidentemente, como en todo viaje del héroe siempre va uno consiguiéndose con un villano.

Imagínense entonces una sombra que se va escabullendo a través del laberinto, cuidadosa de que no la veamos rápido, pero que va cerrando puertas, o poniendo resistencias para que no llenemos todo rápidamente de luz y ella, irremediablemente se disuelva.

Una sombra que se minimiza los días que abrimos puertas, y que se ensancha los días que decidimos no avanzar y que ella se acerca para susurrarnos cosas al oído.

Despierta entonces a sus secuaces:

El miedo.

La rabia.

La culpa.

Los trabajos pendientes.

Porque al final, la conquista del laberinto no significa la consolidación de nuestra mejor versión en la mente, si no también la integración emocional. El hacer las paces con el entramado de nuestras emociones y las historias que las han ido despertando en nosotros.

El amor. La compasión. La alegría. La esperanza. La fe.

La fe de que está todo dado para nosotros, de que en este momento, todo es posible.

Esta mañana, hablando con mis papás post desayuno también recordé que todos viajamos a ritmos distintos, y eso también está bien.

Algunos irán a caballo, otros en un jet, algunos ni siquiera han podido abrir la primera ventana aún cuando saben que ella está ahí.

Y eso está bien.

Lo cierto es que de este tema tengo muchas historias, y hoy el impulso de luz me pidió iluminar la habitación donde expongo al escarnio público una idea.

Y quizás a estas alturas algunos ya se dieron cuenta, pero para los que no:

Entre el impulso y la reflexión, les acabo de mostrar el esqueleto de una historia que voy a contar.

En los terrenos mortales, a ese tipo de historias, les llamamos libros.

Así que cierro haciendo un rezo para que el viaje de todos sea sereno, y para que ese libro consiga a su debido tiempo su propio impulso de luz,

Feliz dia y ojalá que al menos hoy, viajen en primera clase.

Lola

Escrito por Lola

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