Disciplina

May 20, 2023 | Mind

Esta entrada es una mezcla entre un impulso de luz y una idea que se lanzó de clavado desde una señal de la autovía hacia mi coche anoche, mientras iba conduciendo de regreso a mi casa.

Iba en silencio, sacudida por el trabajo creativo en el que estoy colaborando – estoy asistiendo la producción de unos amigos muy queridos con un montaje teatral que están puliendo – y digo sacudida porque lo que arrancó como una alegría de actividad extracurricular y un reencuentro con mi amado teatro, resultó ser uno de los movimientos más duros de energía que he vivido este año.

Tuve que mirarme a la cara con un espacio acorazado que todos tenemos, y que pensé que tenía en el olvido: El miedo.

Porque es muy cómodo usar tu caja de herramientas en la obra de otro. Es absolutamente cómodo participar sin ser quien tiene los pies metidos en el agua, sin ser el que está en la piscina.

Y entonces sentí esa comodidad incómoda y me di cuenta que estoy petrificada de miedo, llenándome de excusas – de nuevo – porque no me he levantado a decirle al miedo, hoy te minimizas porque hoy hago un nuevo intento.

A ver, sin ser injusta, sí que está gestionándose en otro aspecto de mi vida que tenía años en el abandono, también se gestiona cada vez que me siento a escribir. Pero ciertamente esto ha ido perdiendo la fuerza, o la forma, porque le ha faltado eso que vengo a reflexionar hoy.

Verán, siempre se me ha antojado el impulso creativo como ese atacazo que te da en el medio de la nada, se te ponen los ojos perdidos y baja a ti información de una especie de biblioteca central – me imagino yo – que se conecta a todos y cada uno de nosotros a través de una sutil e intangible fibra de luz. Mágico.

Y sí, hasta cierto punto sí que funciona así.

Pero en mi férreo intento – silente – de experimentar esta vida de forma sublime, poco mundana, termino siendo la más mundana de todas, me distraigo con cosas y se me olvida que aquí en el tangible somos simplemente y no más que la suma de los actos que cometemos todos los días.

*Inserte cachetón de realidad*

¿Qué estoy haciendo todos los días? ¿Dónde está mi conciencia y mi fuerza, todos los días?

Y aquí viene ella:

La disciplina.

Entonces, volvemos de un disparo al miedo.

Sentí el silencio ensordecedor que queda después de que pasa a toda velocidad la bala. Y me quedé mirando mi espacio vacío, que ahora mismo se sentía como lleno de miedo.

Me quedé observando cómo el espacio tiene una maqueta mental y emocional de todos los tangibles que quiero ver materializados en él – que no tienen nada que ver con cosas materiales, sino más bien con partos creativos que tienen en pre-producción o «terapia intensiva» par de años -.

Ese espacio magnífico, mío, en el que solo entro yo y en el que si cierro los ojos claramente lo puedo ver. Ese espacio que sinceramente quiero compartir con el mundo. Pero que hasta ahora, simplemente me ha tenido embelesada paseando entre los intangibles, los huelo, los saboreo, siento cómo me llenan de fuerza, de poder, de alegría.

Tanto que muchas veces me he emocionado y todo sintiendo lo inmaterial de mis ensoñaciones, como tangibles.

Pero el miedo se llevó la sensación amable y solo vi el espacio vacío. El espacio donde no están ninguno de esos proyectos porque me sobran las ganas, pero me está faltando disciplina.

Al final, el impulso creativo sí que es un arrebato que se consigue de pronto conmigo, pero al mismo tiempo y honrando la experiencia humana y tangible, está demostrado que el impulso se descarga cuando lo llamo todos los días. Incluso los días en que no siento que estamos conectados.

No en vano dijo Picasso «que la inspiración te pille trabajando«.

Pero esto, aunque lo entiendo desde lo más core, lo más intrínseco.

Al no ponerlo en práctica todos los días: Se me olvida.

Me había prometido ocupar mi disciplina en eso que tenía mucho tiempo abandonado, y aunque estoy contenta con esa decisión. Se me sigue cruzando con la sensación de que me está faltando algo.

No es más descanso, no es una mejor dieta, no son más viajes, no es más dinero.

Es fe.

Es empujar los toros contra la barrera y ocupar la disciplina con toda la ambición que me caracteriza y dejar de estar cómoda balanceándome en mi hamaca llena de miedo. Ocupar la disciplina de una vez por todas en escribir todos los días. En ponerle fe a que lo que estoy haciendo sí que tiene un puerto. Sí que está llegando a algún sitio.

Fe en que el trabajo nunca va a estar lo suficientemente perfecto, de hecho, estoy segura que si me leo hoy y me leo a mi yo de hace 10 años, el contraste se me hará muy salvaje. Porque de eso se trata, del ejercicio permanente para moverse para facilitar la evolución.

Por ahí tengo en los borradores de este blog un impulso que se llama fe.

No está publicado porque sigue sin parecerme lo suficientemente sublime, a lo mejor es que en el fondo me da miedo compartir mi visión tan personal de la fe.

No lo sé.

Lo que sí sé, es que hay un valor agregado y tangible en la disciplina, y ya quisiera ver yo a dónde me lleva el viaje, si simplemente me lanzo a la piscina y nado todos los días. En lugar de estar asustada porque el agua posiblemente está muy fría, porque quizás no llegue de una brazada a la mitad de la piscina. Que se yo, no lo sé.

Este acercamiento más corporativo, más tangible al músculo creativo me parece ajeno, no reconocido. Pero como es un ángulo sin intentar…

Vamos a ver qué puede hacer la disciplina con el artista que tengo que manifestar.

Y tú, ¿qué crees que pasaría en tu vida si aplicaras en algo que necesitas, más disciplina?

Happy miercoles, everyone.

Escrito por Lola

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